De los Annunaki a Jesús, siguiendo la pista Templaria…

Este trabajo puede, cual literario gato de Schrodinger, tener diferentes destinos. El de la indiferencia es quizás –por el fárrago informativo de la Web- el más previsible y, tal vez, el más penoso. “Que hablan mal de uno es horrible –escribiò Oscar Wilde- pero hay algo peor: que no hablen”. Otros, seguramente, moverán con tristeza la cabeza de un lado a otro en intuitivo diagnóstico psiquiátrico. A algunos más, espero, interesará. Sea cualesquiera la opinión del lector, es un hecho que si me cuestionara el “qué dirán” sencillamente no escribiría lo que no hesito en definir como “mi propia teoría de campo unificado”. Como escribí en otro lugar, relaciona Annunakis con Jesús, avatares con reptilianos, portales con el culto a la Diosa, abducciones con rituales, catedrales góticas con psicología junguiana…

             En aras de la brevedad –penosamente, sé que en Internet, cada día, mucha gente escanea más con la mirada, y lee menos…- expondré lo que llamaríamos las “conclusiones provisorias” (si me embarco en tejer el hilo de razonamientos y exposición de evidencias, no sólo estaré plagiándome a mí mismo, por cuanto lo he escrito en otras ocasiones, sino que me perderé por las ramas de un umbroso bosque) sugiriendo vivamente la lectura de estos artículos previos, para encontrar los fundamentos y evidencias:

 “El Sancta Sanctórum del Grial (y otra pista sobre Templarios en Sudamérica)”

“El Santo Grial entre Cátaros y Templarios (Tercera y última parte)”

“El Santo Grial entre Cátaros y Templarios” (Segunda parte)”

“El Santo Grial entre Cátaros y Templarios (Primera parte)”

“Nazis a la caza del Grial en Argentina”

“El sublime rompecabezas del Santo Grial”

“La pirámide de cristal del Louvre: marca del anticristo o mensaje al futuro?”

“El arcano misterio de un cura millonario”

“Venas del Dragón: ¿camino de los ángeles?”

“El Grial de la búsqueda”

“En busca del idioma de los ángeles”

“Templarios y Gnósticos de Palestina a la Patagonia: la pista francesa”

 . Y descuento que lo más jugoso serán sin dudas, sus propios comentarios, los de ustedes.

 La hipótesis es ésta:

 1) Millones de años atrás, una civilización extraterrestre, a la que genéricamente llamaremos “Annunaki”, como parte de su propia expansiòn galáctica, decidió generar en este planeta una especie nueva, funcional a sus propios planes así como a lo de otras entidades no humanas (hasta aquì, nada nuevo, Sitchin dixit). Para ello, previendo que la natural evoluciòn de las especies se dirigía –como quizás lo ha hecho en otros cuerpos planetarios- a un epítome inteligente de naturaleza reptiliana (seguramente por evoluciòn del “Trodon”),  provocan la catástrofe “natural” que extingue a los grandes saurios.

"Trodón" o Stenychosaurus, a la derecha. A la izquierda, su posible evolución si no se hubiese extinguido.

¿Meteorito?. ¿Cometa?. Qué oportuno para los mamíferos, que encontraron entonces un “espacio vital” para desarrollarse que de otro modo no habrían logrado, por no dejar nunca el escalón de desayuno dinosaurístico. A fin de cuentas, la “ingeniería planetaria” necesaria para provocar un cataclismo como ese evento es menor para una cultura de aquellos alcances. Recordar aquí la persistencia de las leyendas sobre “hombres-serpiente” desde aquellos que en tiempos preiranios fundaron la “Orden de la Serpiente” devenida después en la “Orden de Melquisedec”, los “hombres-serpiente del sudoeste americano que ayudaron a los hopi a protegerse de catástrofes cósmicas, los “hombres-dragón” de la China prehistórica, etc.

2) Esas modificaciones genéticas habrían incluido la adaptabilidad de esos cuerpos entonces “humanos” a, en ciertas condiciones –de selecciòn previa, ambientales, etc.) de resultar adaptables para la manifestación a través de ellos de otras entidades, no físicas y extradimensionales, como “avatares”. Esas entidades, de orden evolutivo superior (superior en términos espirituales, es decir “metafísicos”, pero no por carácter transitivo necesariamente “morales”, sea lo que fuere que en nuestro contexto entendamos por Moral) insuflan periódicamente a nuestra especie con “cargas informativas” que enfocan el desarrollo evolutivo –si no biológico, sí intelectual, espiritual, social- en determinadas direcciones. Por cierto, algunos “receptores” lo son de entidades decididamente trascendente y proactivas, y muchos otros, de calidad, rango o “vibraciòn” inferior.

3) Esa “capacidad de asimilación” exige algunas condiciones, principalmente genéticas. De allí la importancia de los “linajes”, de ciertas transmisiones de autoridad conservadas en el seno de grupos parentales. La “sangre azul” de las metáforas de realeza retrotrae a esta “diferencia” genética. La arcaica relaciòn entre poder temporal transmitido sanguíneamente y poder “divino”, también. Luego, por supuesto, degenerado por razones políticas y econòmicas, como tantas otras cosas.

4)  Jesús incorpora uno de esos seres. Es Avatar. Podemos asimilar también a tantos otros guías espirituales, pero lo señalo como ejemplo obvio de lo que culturalmente se acepta como identidad divina en el hombre. Su continuidad de linaje –es de la casa de David, por lo tanto y aunque se nos oculte, rey de Palestina por derecho sanguíneo- le permite “sintonizar” esas entidades extradimensionales.

5) Ser “vehículo” de esas entidades no queda restringido sólo a unos pocos que son, cuando menos, “receptáculos” de entidades particulares. Otro universo (nunca mejor empleado el término) de entidades, discutamos luego los “porqué” necesitan acceder a través de cuerpos humanos a este mundo tetradimensional. Y para procesar eso, allí tenemos las abducciones pretendidamente extraterrestres.

6) La activaciòn de esa cualidad de sintonìa se vincula con una tecnología espiritual, donde la Geometría Sagrada, ciertos rituales –entendidos no como actos devocionales sino como operaciones que en el plano físico operan, por principio de Correspondencia, cambios en los planos sutiles, por eso los rituales ocultistas abrían portales dimensionales- la operación consciente de puntos de “energia telúrica” (en puridad, puntos geográficos donde se establecen amplificaciones de esos portales por la naturaleza electromagnética del lugar) y la alineación con la “Diosa” interna. El “Ánima” y el “Ánimus” de cada hombre, de cada mujer, es la dualidad microcósmica de esa dualidad Macrocösmica que debemos recuperar si queremos incrementar la percepción de esos planos. Así, a través del “ritual exterior” a la Diosa acompaña, sincrónicamente, el desarrollo de la “diosa interior”. Que en el hombre será el reconocimiento y aprovechamiento de su “joven Yin”, su lado femenino, y en la mujer la recuperaciòn de un espacio sagrado que despierta su “joven Yang” su lado masculino.

7) Intuyo que este Conocimiento estuvo a punto de “eclosionar” en el siglo XI. Ante el contraataque de ciertos grupos de poder (que se perpetuarían en el ideario colectivo de nuestros tiempos con el nombre de “Illuminatis”) hubo grupos muy activos en preservarlo. Simbólicamente, se le conociò –ya en tiempos más o menos modernos- como el Grial. Cátaros y Templarios fueron sus depositarios, así como las Órdenes que apoyados en la Geometría Sagrada construyeron las catedrales góticas, pensadas como amplificadores psíquicos. En los últimos siglos, ante el avance de una dialéctica materialista-consumista funcional al exterminio de esa Sabiduría, el Conocimiento mutó, casi como un ser vivo con entidad propia, para adaptarse y sobrevivir. Ante la imposibilidad de resguardarse oculto en mínimos cenáculos finalmente vulnerables, adoptó la hábil estrategia de atomizarse y multiplicarse en innúmeras corrientes de pensamiento, filosóficas, espiritualistas, neo espiritualistas, metafísicas, orientalistas, enmascarándose en tantas creencias polimórficas de las cuales sólo el ojo avizor y el espíritu entrenado podrìa distinguirlas de manera relevante.

 Bien, escrito está. Pueden continuar con lo suyo, si no les resulta de interés. O compartirlo, que también para eso fue pensado. Después de todo y como decían los romanos, “nullum librum essen tan malum, ut non aliqua parte prodesset”[1]


[1] “Ningún texto es tan malo, que no tenga alguna parte aprovechable”

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